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Rolando Fernández Álvarez (Rolo Fernández, La Habana, 1987) es pintor, dibujante, ceramista y restaurador especializado en pintura mural. Su obra comprende un amplio espectro de temáticas, cuyo abordaje se nutre de la observación minuciosa hacia conflictos sociales que le afectan como creador. En su estudio de La Habana, la metamorfosis es una cualidad sine qua non de sus pinturas. Allí el repertorio visual se construye a base de referencias literarias, personajes que aterrizan en la insularidad, poesía que encuentra su corpus en las narraciones construidas en el lienzo. Siempre la figura humana, unas veces protagonista y otras testigo de lo que ocurre a su alrededor.Losojosalmendrados,vacíos,perdidos en un marenostrum incansable, van urdiendo los pasajes que se leen como historias sacadas de un libro de fábulas, a la espera de una acción que movilice su condición estática.

El año 2020 ha sido uno de los más prolíficos en la producción artística de Rolo Fernández. El asidero de una situación excepcional que nos enrola a escala global ha sido su impulso más sincero. Vivir el confinamiento, abrirle las puertas a la soledad, a la reflexión y a la verosimilitud de las consecuencias, le han hecho despertar. Hoy, la personificación de sus naufragios, la ensoñación de sus islas, los retratos de sus niños en llamas y los restos de una luna que da a luz nuevas posibilidades, se aferran al pincel y a la mano activa que relata el porvenir. El ser humano, es el mediador de esas conexiones que el artista establece entre lo terrenal y el subconsciente, atravesando la voz narrativa del testigo.

A veces, parece que nos coloca dentro de las escenas de una puesta teatral. Allí, vamos leyendo los pigmentos que describen su fijación por el relato. La composición en sus trabajos es una premisa consolidada. Él estudia cómo quiere narrar la imagen. Y una vez que se conecta el conflicto principal con los elementos que le secundan, se produce una suerte de movimiento al interior del lienzo, como si la obra tomara vida propia y se detuviera a compartir la emoción o la reflexión que le han permitido ser.

Rolo Fernández se entrega a la expansión de su visualidad. Ya es identificable esa operatoria suya que nos va dando pistas de hacia dónde se dirigen sus imágenes contadas. He intentado seguirle de cerca porque en sus obras habita ese carácter dual que abraza y lascera con la misma intención:

“Sí, preciso de la imagen para entender otros universos. Con las imágenes que acumulo voy trazando cartografías de una isla en suspensión. Las construyo con elementos figurativos, las habitan cuerpos o fragmentos de cuerpos, objetos, lugares, que sirven de atrezo a mis escenas contadas. Yo, preciso de la imagen para calmar a mi pupila insaciable; estas pinturas que te muestro son el bote que me salva de ser, únicamente, una isla dormida”.

Yudinela Ortega